Los cumpleaños de Astrid siempre eran los mejores, tenían castillos hinchables, piscina de bolas, gente que te pintaba la cara y todo lo que un niño de 5 años puede desear, pero a Ezra siempre le llamaba la atención el chico que estaba en una esquina sentado como si no pintara nada ahí y no le dejarán hacer nada. Y eso pasaba en todos los cumpleaños de Astrid y, cuando iban a su casa a hacer trabajos. El chico siempre estaba a un lado sin decir nada, mirando como si quisiera hacer algo y no pudiera porque no le dejaban. Lo que provocaba en Ezra sentimientos muy confusos para su edad, porque por una parte quería hablar con ese chico, pero por otra parte no quería perder su amistad con Astrid. Los años habían pasado y las cosas habían cambiado mucho. Ezra ya no era amigo de Astrid por diferentes razones y ahora le daba clases a Thiago de matemáticas desde hacía tiempo, pero desde hacía varias semanas este había vuelto a desaparecer sin dejar ni rastro por quinta vez des...